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Mar, May

Alternativas para construir soberanía local. Agricultura familiar campesina y circuitos cortos de comercialización: una experiencia en Guerrero, México

volúmen 36, número 3
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La agricultura familiar campesina, que tiene como uno de sus principales aspectos la pequeña producción rural para garantizar la subsistencia familiar, aunque históricamente está sometida a condiciones adversas, persiste. La aplicación del modelo neoliberal en México, lejos de modificar positivamente las condiciones desfavorables en que se desarrolla la agricultura familiar campesina, multiplica los obstáculos para su permanencia. Aleja al país de la autosuficiencia y atenta seriamente contra la soberanía alimentaria. Este artículo trata de la experiencia de la Unión de Pueblos para el Desarrollo Sustentable del Oriente de Coyuca y Poniente de Acapulco (UP) de la Red de Campesinos Guardianes del Maíz Nativo (Regmaiz) y de otras organizaciones afines del municipio de Coyuca de Benítez, Guerrero, en donde la milpa agroecológica es base de la agricultura familiar para cientos de campesinos, de manera alternativa frente al modelo industrial.

Feria de venta e intercambio de semillas y de productos del campo. Eventos realizados cada año (a inicios de la pisca y cosechas) en la cabecera municipal del municipio, diciembre de 2015. Autor

Milpa agroecológica y su entreverado alegórico

Cada cultura, de acuerdo con sus saberes y tradiciones, ha seleccionado sus plantas y las ha combinado de forma particular, imprimiéndole a la milpa su propio sello en la selección y manejo de razas, y en el diseño de herramientas para su cultivo y para el procesamiento de sus productos. México se ha convertido en uno de los principales compradores de maíz pese a las decenas de razas y cientos de variedades de maíz nativo que tienen su origen aquí. La milpa pasó al cultivo exclusivo de maíz con una lógica productivista.

En Coyuca de Benítez, a pesar del desplazamiento de la milpa y las semillas nativas, más del 80% de los campesinos hace siembras diversificadas porque obtiene un mayor rendimiento por cada área de policultivo sembrada. Por lo tanto, la fortaleza de la milpa no está en la alta productividad de un solo cultivo por separado, sino en el manejo integral (tabla 1).

Los sistemas agroecológicos como la milpa producen diversidad de alimentos a lo largo del año. Por ejemplo, Reyna López García, promotora de comercio de la comunidad de La Lima e integrante de la UP, narra las actividades de la milpa:

Junto con mi esposo River hacemos milpa para varios propósitos; el maíz criollo, le llamamos aquí en La Lima el olotillo, es para autoconsumo de la familia, maíz dulce y fácil de desgranar, con el olote delgadito. Con este maíz garantizamos nuestro alimento que es para todo el año. Pero aquí junto con el maíz sembramos sandía y calabaza, las vendemos por pieza o por kilo (en el tianguis de manera directa) y con la venta solventamos los gastos del hogar pues son ingresos que solo diversificando se pueden lograr.

A este proyecto le llaman milpa agroecológica. Consiste en el uso de variedades locales, tolerantes a la sequía y adaptadas a cada zona, con abonos orgánicos y verdes, biofertilizantes, manejo agroecológico de plagas y enfermedades, diversificación, asociación y rotación de cultivos, conservación de suelos, selección de semillas y una serie de técnicas que hacen posible el sistema.

Alejandro Hernández Onofre, actual representante de la Regmaiz, originario de la comunidad de las Lomitas, comenta camino a su parcela:

Hacer milpa agroecológica no solo implica garantizar alimentos, incrementar o igualar la producción, sino también recuperar prácticas tradicionales y culturales. Hacer la milpa con los hijos y nietos, como lo hicieron nuestros padres y abuelos, traer alimentos sanos y variados a la casa, sin uso de químicos. Antes ir a la milpa era traer varios alimentos, ahora ir a la milpa es solo traer maíz y esto no es placentero para nuestras familias. Por eso reivindiquemos estas prácticas, que no se pierdan, más en estos tiempos de crisis.

Los campesinos describen la agricultura ecológica o agroecología: “una agricultura que no atenta contra el medio ambiente, contra la vida misma, que no contamina y que utiliza prácticas sostenibles en lugar de agrotóxicos”. Para ellos significa asegurar su medio de subsistencia buscando resiliencia local, frente al modelo global agroindustrial.

Diversificar para la vida: una estrategia campesina

La diversificación, como estrategia de vida, no se centra en mejorar la producción de alimentos derivada del sistema milpero, también incluye el cuidado del medio ambiente, garantizar el autoconsumo y el mejoramiento de la economía familiar. Estas dinámicas diversifican las actividades productivas porque el modelo agroecológico acentúa una lógica no capitalista. Van Der Ploeg (2010) señala que la agricultura industrial se encuentra vinculada al consumo mundial a través de empresas de procesamiento y comercialización, en tanto que la agricultura campesina está fundada en circuitos cortos y descentralizados que escapan al control directo del capital.

Entre las prácticas cotidianas que diversifican los agricultores familiares están el rescate, conservación e intercambio de semillas nativas, la producción agroecológica de alimentos y el impulso de circuitos cortos de comercialización (CCC), como el que se propició a partir de 2009 con el tianguis campesino agroecológico (TCA), que aún continúa. En el TCA se comercializan alimentos frescos y procesados artesanalmente de origen vegetal y animal. Estos circuitos de proximidad o cadenas cortas son una forma de comercio basada en la venta directa de productos frescos o de temporada sin intermediación (o reduciéndola al mínimo) entre productores y consumidores. Los circuitos de proximidad acercan a los campesinos al consumidor, fomentan el trato humano y, al no ser envasados ni transportados por largas distancias, los productos generan un impacto medioambiental más bajo (CEPAL, 2014).

La diversificación productiva que practican las familias campesinas, va entretejida con la agroecología y la soberanía alimentaria. Adrián Hernández Santos, joven promotor de la comunidad de Las Lomitas, cuenta:

Practicamos la diversificación de actividades pues no solo nos dedicamos a sembrar la milpa; también en el traspatio tenemos hortalizas, plantas medicinales y animales; además preparamos abonos orgánicos de buena calidad que usamos en la parcela. Parte de estos productos que generamos como familia los vendemos en el tianguis que la misma organización ha impulsado durante años. Estamos ahí cada 15 días ofertando nuestros productos del campo. Sabemos que los resultados no son rápidos, pero hay que ser pacientes para mejorar la calidad de vida de la familia. En lo particular me gusta hacer este tipo de agricultura junto a mis padres y hermanos, pues nosotros como hijos tenemos roles y entre mis seis hermanos nos rotamos actividades de la milpa, abonos orgánicos, pastoreo de ganado y otras actividades en el hogar.

Los CCC persiguen la sensibilización y revaloración de los productos locales por los pobladores urbanos. En los diferentes espacios que convoca la organización, por ejemplo, durante las ferias de semillas nativas o foros agroalimentarios, se busca impulsar y promover el consumo de los productos de la milpa mediante programas educativos, pláticas, degustación de platillos, juegos y dibujos para niños e intercambio de semillas. Asimismo, con el establecimiento de un mercado local se fomenta el reconocimiento de espacios alternativos para el abastecimiento de alimentos para los habitantes del municipio de Coyuca de Benítez y para la defensa del patrimonio agroalimentario. Esta experiencia logró evidenciar ante los medios locales y autoridades municipales que en estos mercados locales alternativos los consumidores valoran la importancia de la buena nutrición y la procedencia del producto, así como también las formas de producción. Se demuestra así la indiscutible interconexión entre agricultura familiar campesina, consumo responsable y soberanía local.

Alejandro Hernández Onofre y su familia se preparan para hacer la segunda aplicación de abono orgánico en su milpa agroecológica. Agosto de 2020. Autor

Construcción de soberanía local

Al referirnos a la construcción de soberanía alimentaria, retomamos su origen, no en conceptos ni definiciones, sino desde la misma práctica campesina y la historicidad de las comunidades. La soberanía surge como una contrapropuesta ante las diferentes crisis y tensiones del sistema agroalimentario. En respuesta a la adopción de formas de producción ajenas a las necesidades comunes, la UP y Regmaiz abrazan el concepto de soberanía alimentaria de La Vía Campesina (1996) y Nyéléni (2007), que se ha fortalecido con las prácticas y acciones que las organizaciones promueven desde lo local.

Las comunidades tienen el derecho a decidir localmente lo que quieren producir, cómo producir, qué consumir y cómo vender o intercambiar su producción. En este contexto local se pueden identificar algunos elementos importantes que definen la soberanía alimentaria como un proceso diferenciado (ver recuadro).

En un contexto de soberanía alimentaria local, se fortalece la agricultura familiar desde la producción campesina hasta el consumo de alimentos sanos, con una comercialización más solidaria y justa. Además es respetuosa con la biodiversidad, con sus ciclos, equilibrios y límites; promueve la pluralidad ecológica y cultural. También resalta la importancia de cuidar las semillas nativas que representan el sustento de las familias y son pieza importante para alcanzar la soberanía alimentaria. De esta manera no solo se alcanza la soberanía alimentaria, sino también la soberanía laboral pues, con la implementación de proyectos productivos –que van tomando un carácter autogestionario–, se generan empleos directos e indirectos con la participación constante y comprometida de cada familia o grupo comunitario. El proyecto fortalece las capacidades técnicas y organizativas de familias, colectivos de mujeres y comunidades, y avanza hacia los espacios domésticos y su cotidianidad, enfatizando de modo significativo el papel de la mujer en la agricultura y revalorando sus roles dentro y fuera del espacio doméstico (de los 600 socios activos, el 30% son mujeres y, cada vez más, ocupan cargos de administración y representación).

Aurelia Santos Carrizal, integrante del comité de TCA, nos explica cómo fue su integración en el proceso agroecológico:

Mi esposo y yo iniciamos participando, después se fueron incorporando mis hijos, algo que nos ha servido mucho es que todos vamos a los encuentros y nos sirve para informarnos y capacitarnos. Yo al principio no creía en esto de hacer abono orgánico derivado de lombriz, pero estaba equivocada, estas actividades nos han integrado como familia. De la producción de lombriz sacamos otros productos, como abono orgánico sólido, lixiviado de lombriz y el pie de cría; actividades que nos dividimos y rotamos entre todos, con el objetivo de que participemos equitativamente, pero lo más importante es que, con el trabajo de toda la familia, generamos ingresos extra pero también le ayudamos al medio ambiente trabajando en nuestra milpa con el uso de abonos orgánicos, para dejar de usar químicos que solo nos traen enfermedades.

La milpa agroecológica, los CCC y el TCA en medio de la pandemia

En los últimos meses, el covid-19 ha expuesto la vulnerabilidad del actual sistema de producción industrial y sus efectos sobre la agricultura familiar campesina. La crisis sanitaria es un llamado de atención que nos lleva a repensar y reinventar acciones estratégicas, de tal forma que las acciones de producción y comercialización local representan un modo viable. Continuar cultivando alimentos a nivel familiar demuestra que el campo coyuquense no se detiene y que es la primera línea de lucha contra la pandemia: “Seguimos haciendo milpa”, dicen las voces campesinas. Pero, a pesar de la producción local, el cierre temporal de mercados y comercios para evitar la propagación del virus mermó las ventas en el TCA. Esta situación propicio la reorganización de los intercambios o trueques de alimentos y productos, lo que robusteció las CCC y brindó la posibilidad de mejorar la viabilidad socioeconómica y alimentaria, como hoy que se hace de comunidad a comunidad y de comunidad a colonias y barrios en la cabecera municipal. Las actividades del TCA se empiezan a reanudar paulatinamente; sus miembros están fortalecidos emocionalmente pues han vuelto a demostrar a las autoridades que la producción comunitaria de alimentos se mantiene y que el consumo urbano va en aumento. Hoy la población urbana en Coyuca de Benítez está interesada en dejar de consumir los productos que ofrecen las corporaciones y en transitar hacia el consumo de alimentos tradicionales comprados en mercados locales, tianguis campesinos, ecotiendas, etc., así, como en organizar ventas e intercambios entre el campo y la ciudad, que serán acciones vitales en la nueva normalidad.

 

De igual manera, cientos de personas de la zona urbana ya iniciaron la producción de hortalizas en macetas en los balcones, patios y azoteas de sus casas, y prepararon tierra para sembrar y sobrevivir la pandemia. Esto sucede a medida que se dan cuenta de que, en tiempos de crisis, el acceso a los alimentos producidos localmente es una estrategia resiliente, no solo una moda o tendencia, sino una forma de vida.

Venta directa de productor a consumidor en el tianguis campesino agroecológico que se establece dos veces por mes en la cabecera municipal (la imagen muestra la venta de chilate, bebida típica de la costa. Al fondo, derivados de miel, café y maíz. Agosto de 2020. Autor

A manera de conclusión

La recuperación de la autosuficiencia alimentaria en Guerrero y en México debe iniciarse a partir del ámbito local. La agricultura familiar campesina que impulsan la UP y Regmaiz también promueve un enfoque de vida integral que articula el equilibrio comunitario regional de los recursos y de su población. El proyecto genera una economía propia y es una iniciativa llena de diversidad de acciones colectivas y solidarias que germinan desde las mismas dinámicas campesinas, promoviendo la organización autogestionaria de grupos a nivel comunitario. Asimismo, la propuesta contribuye a mejorar la situación socioecológica, pero también la viabilidad socioeconómica, abriendo oportunidades equitativas y justas de mercado local, basadas en principios de economía social y solidaria.

Marcos Cortez Bacilio
Maestro en Desarrollo Rural, especializado en Agroecología. Investigador independiente y acompañante de procesos agroecológicos en el estado de Guerrero, México.
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Referencias

  • CEPAL (2014). Agricultura familiar y circuitos cortos. Nuevos esquemas de producción, comercialización y nutrición. Memoria del seminario sobre circuitos cortos realizado el 2 y 3 de septiembre de 2013. Serie Seminarios y Conferencias 77.
  • Declaración de Nyéléni (27 de febrero de 2007). Soberanía alimentaria. Selingue, Malí. http://www.nyeleni.org
  • Van Der Ploeg, J. (2010). Nuevos campesinos. Campesinos e imperios alimentarios. Barcelona: Icaria Editorial.
  • La Vía Campesina (1996). Soberanía alimentaria: un futuro sin hambre. http//www.nyeleni.org/sipp.php?article38