Sidebar

02
Vie, Jun

Pequeñas inversiones, grandes cambios. Los estanques rústicos como medida de adaptación al cambio climático

volúmen 35, número 1
Typography

El presente artículo muestra la experiencia del proyecto “Pequeñas inversiones grandes cambios: estanques rústicos como medida de adaptación al cambio climático en cabecera de valle del municipio de Sapahaqui, La Paz”, desarrollado por PRODIASUR durante ocho años (2007-2015) en cinco comunidades (Huancané, Chiaraqui, Tacora, Milli Milli y Challa) del municipio de Sapahaqui, provincia de Loayza, departamento de La Paz. Los objetivos principales de este proyecto consistían en hacer frente a los problemas de acceso y deterioro de los recursos productivos: falta de agua, erosión y baja fertilidad de los suelos, deterioro de las semillas, así como a los fenómenos de la migración hacia zonas urbanas y periurbanas de la ciudad de El Alto y a la doble residencia campo-ciudad.

Félix Flores mostrando su estanque rústico e inciando la instalacion de sistema de riego por aspersión. Autores

PRODIASUR es una institución dedicada al desarrollo rural, urbano y periurbano del departamento de La Paz. Durante más de diez años ha promovido procesos de implementación de prácticas de la agricultura sostenible y de fortalecimiento de las organizaciones campesinas y asociaciones de productores en el marco de la promoción de sistemas agroalimentarios sostenibles, justos e inclusivos.

Las comunidades en las que se desarrolló la experiencia son cabeceras de valle con una altitud promedio de 3365 m s.n.m. y una topografía accidentada de pendientes variables (15-40%) en casi el 90% de su territorio.

Las familias cuentan con propiedades pequeñas (de 0,5 a 1 ha) con cultivos diversos para el autoconsumo y comercialización. Producen principalmente tubérculos andinos como papa, olluco o papaliza (Ullucus tuberosum), izaño (Tropaeolum tuberosum) y también varias especies de hortalizas y plantas aromáticas, entre ellas algunas nativas como la llamada localmente nabo (Brassica rapa). También siembran maíz para consumo y varias especies forrajeras.

El manejo de estos sistemas productivos se realiza con base en el conocimiento y las prácticas tradicionales de los agricultores campesinos, aunque la variabilidad climática actual exige la búsqueda de alternativas que permitan, al menos, garantizar el agua para el riego y el consumo familiar.

La base social y económica de las familias campesinas aymaras, por tanto, gira en torno a una producción “tradicional” de base agroecológica con poca influencia del uso de agroquímicos. Esta realidad se vislumbraba como una potencialidad insuficientemente aprovechada para revelar el valor cultural de la agricultura en la producción sana de alimentos y la generación de ingresos en las unidades familiares.

Asimismo cabe destacar el inadecuado manejo y deterioro de los recursos naturales, los bajos rendimientos agropecuarios, la escasez de infraestructuras viales, la división y fragmentación de las organizaciones campesinas, la escasa participación de las mujeres en la toma de decisiones a nivel familiar y comunal, y la falta de transparencia de la gestión de las autoridades municipales, entre los principales problemas sociales, económicos y políticos.

La experiencia

El proyecto fue desarrollado en tres fases: la primera de 2007 a 2008, una segunda entre 2009 y 2011, y la última, más larga, desde 2012 hasta 2015. Los objetivos generales fueron fortalecer las capacidades de productores y productoras en el manejo agroecológico para la conservación de suelos e implementar estanques artesanales o rústicos como tecnología alternativa de almacenamiento y cosecha de agua para garantizar la seguridad y soberanía alimentarias a través de la mejora de los sistemas de producción. En este sentido, las estrategias y enfoques que guiaron las intervenciones fueron las prácticas agroecológicas y los enfoques de género y de derechos.

Los primeros años del proyecto estuvieron focalizados en la capacitación, tanto en temas nutricionales y productivos como de participación ciudadana liderada por las mujeres, y también en la implementación de tecnologías alternativas para el aprovechamiento y uso eficiente del agua en los huertos familiares. El principal cuello de botella que se detectó en este inicio fue el escaso involucramiento e interés de las autoridades municipales en los temas productivos y de género.

Ante esta situación, durante la segunda fase se continuó con los eventos de sensibilización a nivel comunal y familiar sobre los problemas productivos y la necesidad de cuidado y manejo sostenible de los recursos naturales. Asimismo, se realizaron intercambios de experiencias entre productores y productoras líderes en temas relacionados con la cosecha de agua, el manejo y conservación de suelos, y la preparación y aplicación de abonos orgánicos, que dieron lugar a intercambios específicos entre las mujeres y al acompañamiento y la asistencia técnica predial y comunal.

Entre los logros de esta etapa citamos la valoración positiva que las mujeres y varones participantes hicieron de la promoción de la agroforestería, que introdujo especies de árboles forestales y frutales. De esta manera tuvieron mayor disponibilidad de frutas tales como manzanas, duraznos y tunas (Opuntianficus indica) para consumo y venta.

Aunque en esta segunda etapa del proyecto persistió la baja autoestima y débil empoderamiento de las mujeres, se observaron pequeños avances manifestados en la demanda de bebederos para sus animales –lo que les permite reducir el tiempo que dedican a la búsqueda de agua–; mayor participación en espacios de capacitación e intercambio, y el liderazgo de la instancia de control social del municipio de Sapahaqui por una mujer campesina. Asimismo, en lo agronómico se observó la aparición de nuevas plagas y enfermedades que repercuten en el sistema de producción familiar.

La última etapa contó con instrumentos de monitoreo y evaluación para recabar información tanto cualitativa como cuantitativa sobre los efectos del proyecto. En estos últimos años se dio continuidad a las acciones iniciadas en las fases anteriores poniendo el foco en actividades de interés para las personas participantes como la agroforestería para producción y siembra de plantines de especies forestales y frutales y la implementación de invernaderos para la producción de hortalizas.

Durante esta fase se ha podido apreciar la aparición de un grupo de productores líderes convencidos de los beneficios de la práctica de una agricultura sostenible. Al tiempo, y sin que fuera un resultado previsto, surgió del propio grupo la demanda para que sus productos agroecológicos se promocionaran en las ferias locales y municipales.

Respecto a los problemas y dificultades que persisten a pesar de los años de trabajo, es importante señalar el aún escaso apoyo de los gobiernos municipales, que continúan sin considerar como problema el uso de agroquímicos en las comunidades. Por otro lado, el sistema patriarcal existente afecta a las mujeres y hace que, en muchos casos, sigan sometidas a las decisiones de sus esposos y compañeros. No obstante, se reportan algunos cambios al haberse detectado ciertos niveles de empoderamiento entre las mujeres, quienes mejoran sus conocimientos sobre sus derechos y realizan demandas y reclamos a las autoridades.

Valeria Mollo mostrando el estanque rústico revestido con agrofilm. Autores

¿Qué nos enseña esta experiencia?

Es importante destacar la necesidad de una coordinación inicial con autoridades locales y productores líderes de base para, en un segundo momento, acudir a las autoridades municipales mostrándoles experiencias exitosas que pueden ser replicadas en otras comunidades.

Las metodologías empleadas han estado basadas en la investigación-acción participativa con intercambios de experiencias entre líderes productores y departamentales, y entre mujeres de manera específica. Se llevaron a cabo varios talleres, entre los cuales destacamos los siguientes: de sensibilización y análisis de los problemas sociales y productivos; de capacitación sobre las leyes y normativas para la incidencia social y política, y de nutrición alternativa con mujeres. También se planificaron con las personas beneficiarias las acciones que han sido revisadas y vueltas a planificar al inicio de cada una de las fases. Durante todo el proceso del proyecto han sido muy importantes el acompañamiento y la asistencia técnica.

La agroforestería ha tenido un papel más relevante de lo que inicialmente se había previsto ya que en zonas como esta, de cabecera de valles, la adaptación de los frutales en sistemas agroforestales es muy buena. 

Durante el tiempo de trabajo en las áreas rurales del municipio de Sapahaqui se conformaron dos asociaciones de productores agroecológicos que fortalecieron a las organizaciones sociales en la gestión de proyectos productivos.

Para lograr un mayor impacto en términos de igualdad entre hombres y mujeres es importante trabajar con hombres, mujeres, niños y niñas, así como tomar en cuenta las distintas tareas productivas, reproductivas y comunales que realizan las mujeres a la hora de incentivar su participación en el proyecto.

Otras recomendaciones aprendidas a partir de la experiencia del proyecto son la necesidad de generar procesos de difusión e incidencia dirigidos a autoridades locales y municipales sobre el impacto que tecnologías alternativas y apropiadas como los estanques rústicos pueden tener en la mejora de la producción y la seguridad alimentaria de las familias campesinas, así como la importancia de reforzar las actividades de capacitación sobre el manejo eficiente del agua ya que debido a los cambios climáticos y la mayor demanda de esta, se volverá un recurso escaso en los próximos años.

Miriam Corrales Quenallata
Directora, Fundación PRODIASUR
Edgar Tambo Tarqui
Técnico, Fundación PRODIASUR
Calle Pedro Salazar No. 627, Zona Sopocachi, La Paz, Bolivia
www.prodiasur.org.bo 
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.