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09
Vie, Jun

¿Cómo prohibir las sequías? Aprendiendo de los africanos que ya aprendieron de los latinoamericanos

volúmen 32, número 2
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Este artículo presenta una larga experiencia de trabajo para afrontar el problema de la sequía. Destaca la importancia de la práctica del descanso de la tierra o barbecho y del cultivo de especies leguminosas para conservar la fertilidad del suelo y la retención de la humedad, en los suelos de zonas áridas.

 

Roland Bunch.

Durante un estudio que llevé a cabo entre 2009 y 2010 en seis naciones africanas, me di cuenta de un problema increíblemente serio, tanto por su gravedad como por la gran cantidad de gente que sería afectada. Debido a que ahora el 80% de los agricultores de pequeña escala en el África subsahariana poseen menos de dos hectáreas de tierra, ya no pueden dejar 3/4 de su tierra en descanso o barbecho, porque ya no tendrían suficiente tierra para alimentar a sus familias. Por lo tanto, en la medida en que sus parcelas se han reducido en tamaño, estos agricultores han reducido gradualmente sus periodos tradicionales de barbecho que eran de 15 a 10 años, a solo cuatro o a nada. Actualmente en la mayoría del África subsahariana, el barbecho es una cosa del pasado, está en agonía.

Pero el barbecho es lo que ha permitido a los agricultores africanos mantener la fertilidad de sus suelos durante más de 3 000 años. La pérdida del barbecho tendrá graves consecuencias para millones de ellos. Al morir el barbecho, la cantidad de materia orgánica en los suelos bajará, las cosechas disminuirán y las personas sufrirán más hambre. Mi estudio demostró que la producción de alimentos estaba disminuyendo alrededor de ¡5 a 10% por año!

En un capítulo del libro Situación del mundo 2011 (Bunch, 2011) me atreví a hacer una predicción: una gran parte de los 150 millones de personas que habitan las zonas rurales de los 15 países africanos de tierras a menos de 1 000 msnm y propensas a sequías, podrían sufrir una hambruna dentro de más o menos cinco años a partir de 2011. El plazo ya se cumplió y fuentes internacionales de noticias dicen que el hambre está acechando al África. La hambruna de 2016 en Etiopía es la peor en 50 años. En otros países, como Somalia, Malawi y Sudáfrica, también ha surgido la necesidad de proveer grandes cantidades de ayuda alimentaria –tanto que podría ser que este año se agotaran las reservas mundiales de alimentos de emergencia–.

Muchos atribuyen la sequía a El Niño, pero si la hambruna de 2016 se debe solo al fenómeno de El Niño, o si representa, al contrario, el comienzo de una tragedia de largo plazo ocasionada por el agotamiento del suelo, solo el tiempo lo dirá. Por supuesto, podría muy bien ser el resultado de una combinación de las dos causas. Lo que sí sabemos es que de los aproximadamente 25 países del mundo en que el 40% de su población infantil sufre de desnutrición crónica tan severa que genera daño permanente en la capacidad mental y física del niño (el stunting), 14 de estos países se encuentran entre los que yo había señalado en 2011 (mapa 1). Ahora ya existe una crisis africana de salud grave y crónica, sea o no una hambruna oficial.

Por lo general, Asia y América Latina ya han pasado por el mismo proceso de la muerte del barbecho. Pero es¬tos continentes tienen sectores industriales relativamente desarrollados, con grandes clases medias que gozan de escuelas, universidades e infraestructura que han permitido que mucha gente encuentre en las ciudades una forma medianamente decente de ganarse la vida. Sin embargo, en Latinoamérica, al igual que en África, las fuentes de empleo no han sido suficientes y este flujo de gente está causando problemas serios de desempleo, pobreza crónica y hasta criminalidad.

Entonces, ¿qué puede hacerse? Pueden usarse fertilizantes químicos, pero el fertilizante no se justifica por sí mismo en suelos muy degradados, especialmente en las zonas áridas donde todos los años los agricultores gastan en abonos pero con frecuencia no logran cosechas. Además, hasta que un pequeño agricultor esté produciendo el equivalente a unas 1,5 t/ha de maíz, el gasto en fertilizantes es inútil. Los abonos verdes pueden llevarlo hasta ese nivel de productividad sin mayor gasto.

Por otro lado, los agricultores podrían usar estiércol animal. Muchos ya lo hacen. Pero la cantidad de estiércol que tienen no alcanza para mantener la fertilidad ni siquiera del 10% de sus tierras. Podrían hacer compost, pero en la mayoría de las áreas con sequía los costos para hacer y transportar suficiente compost para mantener la fertilidad de dos hectáreas de tierra serían, una vez más, prohibitivos.

Es así que los abonos verdes/cultivos de cobertura (av/ ccs) son la única solución posible para los agricultores. Los av/ccs son plantas que los agricultores usan para, entre otras cosas, fertilizar el suelo y controlar las malezas. Los av/ccs intercalados con los cultivos son, en efecto, un sistema de barbecho en el cual las dos funciones de mejoramiento del suelo y producción de alimentos ocurren simultáneamente en el mismo campo. Un agricultor que usa av/ccs puede producir más de 100 toneladas de biomasa (peso en verde) en dos hectáreas. A manera de comparación, nunca he escuchado que un agricultor de pequeña escala haya hecho más de 10 toneladas de compost en un año. Estas 100 toneladas de biomasa de un av/cc son suficientes no solamente para mantener los suelos fértiles, sino para restaurar gradualmente la alta fertilidad natural del suelo, incluso de terrenos baldíos. Además, esta materia orgánica se produce esparcida en todo el campo, así que no hay en absoluto costos de transporte. Este factor es de suma importancia, ya que cargar estos materiales a sus terrenos y distribuirlos es un trabajo pesado sin el uso de maquinaria. Aún más importante, la mayor parte de los av/ccs que usamos, siendo leguminosas, produce alimentos con alto contenido proteínico que pueden ser consumidos o vendidos.
Los únicos problemas con la utilización de los av/ccs son la obtención de semillas y la selección de las especies de av/ ccs más apropiadas para cada situación.

Viendo la situación

En 2011 me mudé al África. Era necesario que los africanos aprendieran lo de los abonos verdes y cultivos de cobertura, algo que los brasileños y centroamericanos ya habían descubierto. En África fuimos juntando un grupo de personas y ONG para tratar de disminuir el impacto de la hambruna que venía. Entre ellas están unas de las más grandes y más eficientes ONG del mundo: Oxfam, Canadian Foodgrains Bank, CARE y Catholic Relief Services (CRS). Nuestro objetivo es identificar y desarrollar, en cada una de diez naciones africanas, un sistema de av/cc exitoso que sea ampliamente aplicable, y promoverlo al punto de que se difunda espontáneamente de un agricultor a otro. De esta manera, cuando la crisis llegue, otras organizaciones tendrán posibles soluciones a la mano.

Cinco años después, estamos trabajando en once naciones: Mali, Camerún, Etiopía, Uganda, Kenia, Ruanda, Tanzania, Mozambique, Malawi, Zambia y Madagascar. En Etiopía y Uganda no hemos logrado mayor cosa. En cambio, en Camerún, Tanzania y Zambia hemos identificado excelentes sistemas ya existentes y, felizmente, en seis países hemos ya desarrollado muy buenos sistemas de av/ccs.

En Mali hemos plantado árboles de la leguminosa madre de cacao (Gliricidia sepium) con grupos de ahorro y crédito de mujeres, en 100 aldeas distribuidas por el centro del país. La mayoría de estos árboles tienen ahora más de 6 m de altura, de tal forma que proporcionan una sombra ligera a los cultivos.

En zonas tropicales de menos de 1 000 msnm, el intenso calor hace que la mayoría de los cultivos dejen de crecer de dos a tres horas durante el mediodía. Pero con una sombra ligera, que llamamos “sombra dispersa”, los cultivos pueden aumentar su productividad hasta en un 30%.

Sin embargo, la razón principal de usar la sombra dispersa es la de poder tener un cultivo más en un campo sin afectar a los demás. La madre de cacao, además de proveer sombra y crecer rápidamente, produce una gran cantidad de leña, un veneno fuerte para matar ratas y ratones, y flores comestibles. Además, las hojas son uno de los mejores av/ccs que conocemos. Un kilo de hojas frescas de madre de cacao aumenta la productividad de cualquier cultivo igual que un kilo de estiércol fresco de ganado o de compost.

Pero lo que más aprecian los agricultores en Mali es que, dos meses antes de la llegada de la lluvia, estos árboles pro-ducen un forraje de alta calidad. Esto significa que mucho ganado que moriría de hambre durante los veranos después de inviernos poco lluviosos, ahora se salvan. Estos árboles eran prácticamente desconocidos en Mali hasta hace cinco años. Pero ahora son muy apreciados: las mujeres han estado vendiendo sus semillas a otros agricultores por un precio entre 5 a 10 USD por kilo. Este negocio se ha vuelto una fuente importante de recursos para ellas, y a la vez ha difundido el uso de estos árboles en decenas de nuevas aldeas.

En Camerún, hace 25 años, en el pueblo de Bamenda, un agricultor notó que el suelo alrededor de un arbusto ornamental de tefrosia (Tephrosia vogelii) era bastante fértil. Metió unas semillas de esta leguminosa en su bolsillo y las llevó a casa. Gradualmente, fue desarrollando un sistema nuevo de barbecho. El sistema tradicional consiste de un barbecho de cuatro años, seguido por un año de arroz, un año de maíz y un año de yuca, seguidos otra vez por cuatro años de barbecho, por estar ya cansado el suelo. Ahora el agricultor solo esparce las semillas de tefrosia sobre su terreno al inicio del periodo del barbecho y el año siguiente vuelve a sembrar su arroz. Este simple procedimiento le permite reducir el barbecho a un solo año, casi duplicando la tierra que puede sembrar cada año. Ahora, sin la presencia de ningún programa, este sistema de barbecho mejorado se ha difundido espontáneamente ¡a más de 2 000 agricultores!
En Kenia, unos cuantos agricultores del distrito de Machakos han plantado la madre de cacao como barreras al borde de sus terrazas de banco. Estos árboles ahora proporcionan los mismos servicios que en Mali, además de reforzar los bordes de las terrazas.

En Ruanda, los agricultores de una zona algo árida del noreste del país necesitaban mantener la humedad del suelo en sus bananales. Durante la estación de sequía los rendimientos de sus bananos se reducen casi a la mitad. El año pasado plantaron frijol terciopelo (Mucuna pruriens) en sus parcelas, y el suelo se mantuvo húmedo durante todo el año. Además el deshierbe en los campos de banano, que es realizado por las mujeres, se redujo en más del 70%.

En Tanzania, los agricultores cerca del lago Victoria están muy felices con la introducción de un sistema de frijoles zarandaja (Lablab purpureum) intercalados con el maíz, un sistema muy común en el noreste del mismo país. Estos frijoles mejorarán la fertilidad del suelo a través del tiempo y, teniendo un 23% de proteína, la proveerán para la familia durante seis meses. El grano de este frijol se puede comer verde como arveja común, o el grano seco, como frijol. Más aún, las hojas tiernas, que también tienen más del 23% de proteína, pueden secarse al sol donde hay algo de sombra y ser guardadas para comer durante todo un año. Este frijol también es muy popular porque tiene un gran mercado en Kenia, el país vecino.

En Zambia, Sebastián Scott, un agrónomo con su propia finca experimental, se dio cuenta de que algunos agricultores podan el frijol de palo o guandul (Cajanus cajan) a unos 30 cm de altura, después de la cosecha. Unos meses después de la llegada de las lluvias el guandul retoña. Este descubrimiento es muy importante para zonas semiáridas porque el retoño es de un tamaño fácil de intercalar con el maíz, pero goza de la estructura radicular de una planta de dos a cuatro años de edad. Esta característica le proporciona resistencia a la sequía similar a la de un arbusto perenne o árbol mediano, los cuales rara vez sufren daño durante una sequía. Además, este frijol es un av/cc de calidad. Durante siete años con este sistema y mínimas aplicaciones de estiércol animal, la producción del maíz de Sebastián se ha disparado de 1,5 a 5 t/ha, sin ningún gasto en fertilizantes químicos.

En Mozambique podemos ya ver el futuro del resto de las tierras bajas, propicias a la sequía, que no reciben ningún tipo de cuidado adecuado. La presión poblacional sobre la tierra es mayor que en el resto de África, con el resultado de que el barbecho se abandonó hace más de 20 años y el suelo se ha vuelto tan pobre que ya no se puede producir maíz. Gran parte de la población vive comiendo nada más que yuca, un cultivo muy resistente a los suelos pobres pero muy deficiente en términos nutricionales. Como resultado, Mozambique está entre los cinco países con mayor nivel de desnutrición del mundo.

El año pasado en la provincia de Inhambane, solamente llovió tres veces durante la época de cultivo. Virtualmente ningún cultivo llegó a producir, pero dos especies sí crecieron bien: una variedad de caupí (Vigna unguiculata) de 60 días que habíamos traído a la zona por su gran resistencia a la sequía, y el frijol guandul podado.

Para esta área muy seca estamos trabajando con un sistema de tres cultivos intercalados: el maíz, el caupí y el guandul, en la misma parcela y sembrados al mismo tiempo. El caupí de 60 días se cosechará antes de que los otros dos cultivos necesiten el espacio, y tanto el guandul como el maíz continuarán creciendo, mejorando el suelo como en la finca de Sebastián.

En los años sin sequía, los tres cultivos proporcionarán granos comestibles. En los años de sequía, tanto el caupí como el guandul producirán bien, aún si el maíz no produce. En este caso, los agricultores pueden sembrar el caupí de 60 días una segunda vez en el mismo invierno, aprovechando el espacio ocupado por el maíz que murió.

Pero nos queda un interrogante: ¿cómo podemos llegar, sin riego, al punto que el maíz y otros cultivos semejantes, puedan producir durante las sequías? No podemos asegurarlo nunca, porque algunas sequías son demasiado fuertes. Ni podemos lograr este objetivo el primer año. Pero a través del tiempo, podemos lograr buena productividad durante sequías a un grado mucho mayor de lo que la mayoría de los agrónomos pensamos. Hay tres principios que tomar en cuenta:

1. La poda de av/ccs perennes. Por supuesto, este procedimiento, como lo practicado con el guandul deja vulnerables a los cultivos el primer año que se siembran. Pero si el agricultor siembra una tercera parte del cultivo podado cada año, 2/3 de sus plantas tendrán una alta resistencia a la sequía en cualquier momento.

2. La materia orgánica en el suelo. Pocos nos damos cuenta hasta qué punto un aumento en la materia orgánica en el suelo puede aumentar la resistencia a la sequía de nuestros cultivos. En primer lugar, puede aumentar la infiltración del agua de lluvias desde un 15% a un 50%, triplicando el agua retenida en el suelo después de una lluvia. Segundo, la capacidad del suelo de captar el agua aumenta hasta en un 35% cuando el suelo contiene más materia orgánica. He visto muchas veces que los agricultores que han usado los av/ccs durante varios años cosechan bien, mientras sus vecinos pierden la mitad en una sequía. El año pasado un agricultor en Zambia que estaba cosechando más de 3 t/ha de maíz, mientras sus vecinos no obtenían casi nada, nos dijo: “¡Los que hemos sembrado av/ccs hemos prohibido las sequías!”

La mejor leguminosa para comenzar este proceso en una zona de frecuentes sequías es la canavalia (C.ensiformis). Esta especia es sumamente resistente a la sequía y a la tierra deteriorada, produce alrededor de 60 t/ha de biomasa, fija hasta 240 kg/ha de nitrógeno y se puede intercalar con el maíz, el sorgo y la yuca, siempre y cuando sea una variedad arbustiva.

3. La sombra dispersa. Si los agricultores también incorporan árboles de madre de cacao a sus campos, la sombra disminuirá no solo la evaporación de humedad del suelo, sino la transpiración de humedad de las hojas de las plantas y la velocidad del viento. Ecológicamente, estos árboles harán que nuestros cultivos estén viviendo en un ambiente semejante a un bosque natural.

Estos éxitos alrededor de África demuestran que nuestro equipo ha hecho avances muy significativos, pero siempre quisiéramos que las cosas se movieran más rápido. Las noticias de una gran sequía este año en África pueden ser nuestra última llamada de alarma. Es posible, incluso, que estemos ya fuera de tiempo para evitar el desastre que se viene.

Espero con todo corazón que jamás lleguemos a este extremo en Latinoamérica.

Roland Bunch
Autor de Dos mazorcas de maíz, libro traducido a diez idiomas y uno de los libros de mayor venta sobre el diseño de programas de desarrollo agrícola. Durante los últimos 33 años, R. Bunch se ha dedicado mayormente al tema de los abonos verdes/cultivos de cobertura. En este afán, ha conversado con agricultores, observado tanto sistemas tradicionales como modernos, y ha desarrollado sistemas nuevos en 48 diferentes países del mundo en desarrollo. Su libro, Restoring the Soil, describe lo aprendido durante ese tiempo.
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Referencia

Bunch, R. 2011. State of the World 2011: Innovations that Nourish the Planet. Africa’s Soil Fertility Crisis and the Coming Famine.