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Vie, Jun

¿Qué es el conocimiento vernáculo? Experiencias sobre su visibilidad en la gestión de agua en el ejido Las Ánimas, México

volúmen 34, número 3
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Existen muchos términos para referirse al conocimiento que no sigue el método científico y se origina a partir de la observación directa, la práctica, la experiencia y el ensayo y error. Algunos se refieren a este conocimiento como ideográfico, local, tradicional, indígena o vernáculo. Sin embargo, nos preguntamos si todos estos términos hacen referencia al mismo tipo de conocimiento. A continuación se propone un concepto de conocimiento vernáculo más integral, que denota su origen, importancia y potencial.

Reservas de agua en el ejido Las Ánimas, Estado de México, México (2018). A. Romero-López

¿Qué es el conocimiento vernáculo?

Es aquel conocimiento dinámico que se genera, adapta, adquiere y modifica a partir del contacto continuo, estrecho y directo entre tres elementos: las personas, el entorno social, económico, cultural y medioambiental en el cual se desarrollan las personas, y los agentes externos, quienes introducen nuevo conocimiento a un lugar en específico y el cual es interiorizado, en parte o en su totalidad, y adaptado por la población receptora.

Dado su origen y características, el conocimiento vernáculo responde a las particularidades de un lugar determinado donde una población se desarrolla. Este conocimiento se trasmite principalmente de manera oral y posee el potencial para la conservación del paisaje natural e impulsar el desarrollo social, organizativo y tecnológico de una localidad.

El conocimiento vernáculo en la gestión de agua. Experiencias de campo en el ejido Las Ánimas

En junio de 2018, en el ejido Las Ánimas, se entrevistó a los dos representantes del agua con la que cuenta el ejido, siguiendo la metodología de Palerm y Martínez (2000). Dichos representantes son personas locales elegidas democráticamente dentro del ejido, para cumplir una función muy importante: distribuir el agua a los usuarios. Los resultados obtenidos a partir de las entrevistas permitieron determinar que el conocimiento vernáculo se puede hacer visible en diferentes esferas de la gestión del agua: tecnológica, consuetudinaria y organizativa.

Esfera tecnológica

El potencial que puede tener el conocimiento vernáculo para el diseño de obras hidráulicas tradicionales se hace tangible en las tecnologías y prácticas que surgen a partir del mismo: un elemento que permite desarrollar materiales y métodos para adecuar tecnologías modernas a un contexto dado que puedan satisfacer las necesidades de los usuarios.

Por ejemplo, en el ejido Las Ánimas, los representantes del agua no cuentan con escalas métricas al momento de distribuir el agua de manera individual a cada usuario, por lo que han desarrollado instrumentos y métodos derivados del conocimiento vernáculo para calcular y entregar la cantidad de agua que los usuarios demandan.

En cuanto a estructuras hidráulicas, los jagüeyes (estanques, pozos o zanjas llenos de agua, ya sea artificialmente o por filtración natural del terreno) son una tecnología tradicional para el abasto de agua en comunidades rurales así como en el ejido. Los jagüeyes se han construido con base en procedimientos locales y prácticas comunitarias (De los Ángeles, 2017) y no son solo fuentes para la obtención de agua en el campo, sino también medios de organización de la población local pues es necesario considerar quién, cuándo y cómo se ejecutan tareas como el reparto o distribución del agua, el mantenimiento, la ampliación y rehabilitación, el drenado de agua sobrante y la resolución de conflictos para el uso y manejo racional de dichas estructuras a partir de acciones de cooperación (Galindo, Palerm, Tovar, y Rodarte, 2006).

Esfera consuetudinaria (establecimiento de reglas y principios)

Entre los usuarios, existe una diversidad de reglas y de principios básicos para la distribución de agua, que surge del conocimiento vernáculo. Dichas reglas y principios son consideradas consuetudinarios o tradicionales por ser elementos que regulan el comportamiento de la gente local pero que no están escritos en ninguna ley. Este tipo de reglamentación generalmente es difícil e inclusive imposible de reemplazar pues satisface necesidades y demandas específicas de los usuarios.

En el ejido Las Ánimas fue posible identificar que la distribución del agua se realizaba según el conocimiento de sus representantes, pues ellos asignaban los turnos de agua según la ubicación de las parcelas de los usuarios (arriba o abajo) y calculaban la cantidad de agua para cada usuario de acuerdo a la disponibilidad de la misma. Por ejemplo, el señor Benigno, uno de los representantes del ejido, da un ejemplo del criterio de ubicación que usa para la asignación de turnos de agua: “Si alguien a distancia quiere agua no se la doy, se la doy primero al más cercano para que se vaya remojando el canal y no se pierda tanta agua”.

Así, los usuarios aceptan diferentes principios de distribución de agua que pueden ser considerados una herramienta de política pública para definir derechos más justos y sostenibles (Boelens, 1998).

Esfera organizativa (establecimiento de organizaciones intermedias)

Según Freeman (1989) es necesario un organismo intermedio en la gestión del agua que sirva como un enlace entre el nivel de administración del sistema (burocracia) y el nivel local (usuarios) para que concilie los conocimientos de ambos niveles y mejore la gestión del agua.

En la práctica, un organismo o nivel intermedio puede tomar la figura de un representante del agua, de un canalero o zanjero –aquellos encargados de vigilar la distribución del agua– o de cualquier persona, preferentemente que pertenezca a la localidad y que pueda desempeñarse como enlace entre el nivel burocrático y el local para suministrar agua a los usuarios de manera individual y donde sus conocimientos vernáculos favorecen su capacidad de intermediación.

En el caso del ejido Las Ánimas, los representantes del agua pueden ser considerados entidades intermedias pues ayudan a que la información fluya entre los niveles de gestión del agua, tales como: disponibilidad del recurso, fechas de riego, costos, sanciones y faenas que deben cumplir los usuarios. Además tienen la capacidad de resolver conflictos a nivel local y en caso de necesitar la intervención del nivel burocrático, tienen la capacidad de realizar los contactos con el fin de buscar soluciones. Por ejemplo, el señor Benigno menciona que existen usuarios que acuden a él cuando hay escasez de agua y requieren de un riego extra para sus cultivos, pues tiene el conocimiento y la experiencia para acudir a las autoridades externas al ejido y solicitar más agua.

Reservas de agua en el ejido Las Ánimas, Estado de México, México (2018). A. Romero-López

“El más grande problema es que cuando son riegos, o como ahorita que ya acabó uno su ración de agua, me dicen ‘auxíliame con tanta agua, para eso vengo a verte, a que me auxilies, si puedes’ y esas son las funciones de uno. Viene la gente y ya nos dice: ‘oye, quiero regar, ¿cómo le hacemos para sacar agua?’… Ya yo tengo experiencia en exigir sus derechos e ir a las oficinas…”.

Conclusiones

El conocimiento vernáculo es aquel conocimiento dinámico que se genera, adapta, adquiere y modifica a partir del contacto continuo, estrecho y directo entre tres elementos:
i) las personas; ii) el entorno social, económico, cultural y medioambiental en el cual se desarrollan las personas, y iii) los agentes externos.

A partir del análisis de las experiencias de campo en el ejido Las Ánimas es posible visibilizar el conocimiento vernáculo en tres esferas de la gestión del agua: tecnológica, consuetudinaria y organizativa. Dichas esferas muestran el potencial que tiene este conocimiento para generar tecnologías apropiadas y adecuadas en un contexto dado y aportar elementos relevantes para el diseño de organizaciones, reglas y principios de distribución de agua en una localidad que sean más acordes al contexto local y que respondan mejor a las características y necesidades de los usuarios.

Ana Rosa Romero-López
Ayudante de investigador SNI III, Colegio de Postgraduados.
Postgrado en Estudios del Desarrollo Rural
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Agradecimiento especial a la Dra Jacinta Palerm Viqueira por sus valiosos comentarios y su apoyo para la realización del trabajo de campo en el ejido Las Ánimas, Estado de México, México.

Referencias

  • Altieri, M. (1991). ¿Por qué estudiar la agricultura tradicional? CLADES, 1-14.
  • Boelens, R. y Dávila G. (1998) Searching for equity. Conceptions of justice and equity in peasant irrigation. Assen/Netherlands, Van Gorcum.
  • De los Ángeles, M. (2017). Jagüeyes, patrimonio morelense para la sustentabilidad. Inventio, 13(30).
  • Freeman, D. (1989). Local organizations for social development. Concepts and cases of irrigation organization. Westview Press. Boulder, Colorado, EE.UU.
  • Galindo, E., Palerm, J., Tovar, L., y Rodarte, R. (2006). Jagüeyes: organización para su uso y manejo en los llanos de Apan, Hidalgo, México. XII Reunión Nacional y II de América Latina y el Caribe, sobre sistemas de captación y aprovechamiento del agua de lluvia. Llanos de Apan, Estado de Hidalgo, México.
  • Palerm, J., y Martínez, T. (2000). Modelo de investigación: organización social de sistemas de riego en México. En: Antología sobre pequeño riego, vol. 1 (pp. 31-63). México: Colegio de Postgraduados.