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09
Sáb, Dic

Vínculos entre la producción agroecológica y los sistemas alimentarios en los Andes

volúmen 34, número 2
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Productor de papas nativas de la Asociación Aprocultivo en lacomunidad de Huama, provincia de Calca, Cusco, Perú. Trent Blare

A lo largo de los últimos 20 años, la agroecología ha logrado encontrar un lugar en las agendas de gobiernos, productores y organizaciones comunales, ONG y organizaciones internacionales. Por ejemplo, la FAO, en su esfuerzo por promover la alimentación y la agricultura sostenible, en años recientes se ha acercado a la agroecología de manera particularmente notoria y ha publicado varios resúmenes de conferencias, manuales y notas de política sobre el tema. Dada la diversidad de perspectivas y prioridades de quienes proponen esta práctica, todavía no existe una definición universalmente aceptada del término. Algunas definiciones han destacado las dimensiones ecológicas de la producción agrícola sostenible, el reciclaje de biomasa, los suelos más saludables, la conservación de recursos, la diversificación genética y de especies y las interacciones biológicas beneficiosas. Otras han resaltado los aspectos sociales y económicos de la agroecología, incluyendo el fortalecimiento de los vínculos entre productores y consumidores y el incremento en la capacidad organizativa de los primeros. En conjunto, las definiciones presentan una crítica de la agricultura industrializada y un marco para apoyar sistemas agrícolas más sostenibles. Con el tiempo, las discusiones acerca de la agroecología han probado la aplicación de los principios en el campo y han rastreado el origen y las implicaciones de los movimientos sociales relacionados a ella.

El papel que desempeñan los sistemas alimentarios al conectar la producción agroecológica con distintos tipos de consumidores, incluyendo a los hogares urbanos que no pertenecen a la élite socioeconómica y a los compradores institucionales, amerita una reflexión más profunda entre investigadores, representantes de agencias de desarrollo y líderes del sector privado. El ritmo acelerado de urbanización, los cambios en el sector minorista y el crecimiento económico en muchas regiones del mundo han conducido a modificaciones considerables en la calidad de los alimentos que consumen las personas y, con ello, a un interés creciente en los sistemas alimentarios. Los investigadores han revelado los diversos retos que enfrentan dichos sistemas; sin embargo, pocos han abordado temas relacionados con la ubicación y los intereses de los consumidores urbanos que buscan alimentos de calidad. La evidencia que existe en torno a las preferencias alimenticias de los consumidores de los países en desarrollo es bastante escasa a pesar de que desde hace ya casi dos décadas el 80% de América Latina se encuentra urbanizado y que el África subsahariana presenta las tasas de expansión urbana y de la clase media más rápidas del mundo.

El potencial fortalecimiento de las conexiones urbano-rurales de los países en desarrollo en torno a los alimentos podría apoyar la consecución de objetivos relacionados con la salud y la nutrición, así como el desarrollo económico local. En los Andes, al igual que en el resto del mundo, estos vínculos siguen siendo relativamente fuertes: la alimentación tradicional desempeña un papel importante en la dieta y muchos residentes urbanos mantienen una relación directa con la producción agrícola. El reto consiste en reforzar y expandir estas conexiones en un contexto económico y cultural cambiante. La problemática es compleja y las iniciativas externas desarticuladas de las realidades y necesidades locales corren el riesgo de ejercer un impacto de escala limitada (Friedberg y Goldstein, 2011).

Esta edición especial de LEISA explora opciones basadas en experiencias de la región andina para incentivar la producción agroecológica en un contexto de sistemas alimentarios locales. Reconoce los retos que pueden emerger cuando se busca incentivar dicha producción en un entorno caracterizado por la comida barata y altamente procesada, por la necesidad del sector privado de alcanzar determinados volúmenes y cumplir plazos de entrega, y por la falta de regulaciones que fomenten los vínculos locales basados en la alimentación (fig. 1). Desde esta perspectiva, el tema central radica en comprender mejor el potencial de los actores del sistema alimentario para establecer vínculos duraderos con la producción, procesamiento y mercadeo de los alimentos agrarios producidos según los principios agroecológicos. En la mayoría de las instancias, esto implicará cambios en las actitudes y comportamientos tanto de los productores y sus asociaciones (como mejorar sus habilidades empresariales y su orientación hacia el mercado, reducir los costos de transacción y expandir las redes productivas) como de las empresas de procesamiento subsiguiente y los consumidores (por ejemplo: la preferencia por alimentos agroecológicos o la voluntad de interactuar con productores y procesadores).

Las contribuciones a esta edición

Ross Borja y sus colegas (pp. 8-15) evalúan las actitudes y los intereses de los hogares urbanos y los compradores institucionales en Salcedo, Ecuador, en relación con la producción agroecológica. El sistema alimentario local ha cambiado de varias maneras importantes (por ejemplo, con la emergencia de supermercados) y, al mismo tiempo, se ha resistido al cambio (como muestra la tendencia de los consumidores a comprar alimentos frescos en mercados al aire libre y a depender de varios niveles de intermediación para conseguirlos en tiendas locales). Su investigación encontró niveles moderados de interés por los alimentos seguros provenientes de la agricultura local entre la sociedad civil y organizaciones religiosas, así como en los hogares urbanos. Sugiere que con el tiempo las tendencias actuales son potencialmente propicias para incrementar la demanda. En la mayoría de los hogares urbanos persiste la confusión acerca de qué significa la agroecología exactamente y dónde encontrar sus productos, dado que estos –aparentemente– no difieren de los productos convencionales. Resulta interesante que los hospitales y los centros de salud hayan mostrado un cierto interés en la agroecología o en los alimentos de la agricultura local, lo cual indica que serán otros actores quienes motiven un cambio en el sistema, al menos en el futuro cercano. En general, el estudio señala que cambiar el sistema alimentario requerirá de paciencia y de la colaboración multisectorial para enfrentar el conjunto complejo de factores culturales, regulatorios y económicos que dan forma a las opciones para dotar de alimentos de mayor calidad, producidos por la agricultura local, a la población urbana que no pertenece a las élites socieconómicas.

Regresando a Ecuador, Fernández y Natividad (pp. 16-23) detallan las experiencias del Programa Mundial de Alimentos (PMA) en su trabajo con cerca de 100 familias productoras, organizadas en tres asociaciones para la venta de alimentos (cereales, frutas, verduras y tubérculos, entre otros) directamente a compradores locales, incluyendo instituciones escolares. En este caso, durante unos 15 meses las asociaciones y sus miembros recibieron asistencia técnica y capacitación para mejorar sus capacidades organizativas y productivas. El estudio muestra las posibilidades de dinamizar a las asociaciones de productores y a sus miembros cuando existe una relación comercial confiable para la venta de alimentos a compradores institucionales. Durante el periodo de intervención, los ingresos de las familias productoras aumentaron significativamente (entre 155 y 400 USD mensuales). Las asociaciones han logrado mantener sus clientes al tener capacidad para responder sus exigencias y, a su vez, despertar el interés de las agencias locales del gobierno sobre la importancia de los sistemas locales de alimentos.

Mariana Alem y colaboradores (pp. 24-30) caracterizan el mercado para productos ecológicos en Cochabamba, Bolivia. Identificaron unos 6200 productores agroecológicos en la región, que cultivan cerca de 9800 hectáreas, en su mayoría de papas y cereales. Los hogares productores tenían varias opciones para mercadear sus productos, incluyendo la venta directa, una opción empleada por cerca de la mitad de la muestra. Sin embargo, quienes venden directamente en ferias agrícolas urbanas reportaron una fuerte competencia con los vendedores de productos convencionales y dificultades para garantizar un espacio en la feria para todo el año, dada la estacionalidad de la producción, lo cual motiva a algunos de ellos a convertirse en inter-mediarios ocasionales de productos convencionales. De manera similar a los estudios de Ecuador y Perú, este trabajo muestra que queda una amplia labor por hacer para informar a los consumidores urbanos de los beneficios potenciales del consumo de productos agroecológicos. La apariencia externa y el bajo precio siguen siendo criterios importantes para la compra de alimentos por parte de los hogares urbanos que no pertenecen a la élite socioeconómica. Los resultados también sugieren la necesidad de una mayor cooperación entre los gobiernos locales, los productores y los consumidores para promover el conocimiento y el acceso a una producción agroalimentaria más localizada y más segura.

A partir de experiencias en Cusco, Perú –ciudad que experimenta un boom turístico y culinario–, Trent Blare y sus coautores (pp. 31-37) arrojan una luz sobre el potencial y los retos que enfrenta la creación de vínculos entre los productores agroecológicos y los consumidores urbanos (hogares, restaurantes y supermercados). Por el lado de la oferta, los productores agrarios se han organizado en asociaciones para proveer uno o dos productos alimentarios directamente a los compradores de Cusco, con un fuerte apoyo de ONG (por ejemplo, papas nativas, flores, frutas). Sin embargo, las asociaciones han afrontado altos costos para transportar un volumen pequeño de productos, así como la dificultad para satisfacer las demandas de los compradores urbanos, que buscan variedad y calidad, y también para el cumplimiento de las normas y la entrega de los productos. Por el lado de la demanda, los consumidores urbanos no conocen lo que significa la agroecología y, cuando sí están informados, no tienen la capacidad de distinguir claramente entre productos agroecológicos y convencionales. Los supermercados y restaurantes manifiestan algún interés por los alimentos cultivados localmente, tanto tradicionales (como papas nativas, quinua y alpaca) y no tradicionales (como lechuga y fresas). Estos alimentos se consideran relativamente seguros y su demanda va en aumento. Sin embargo, por las razones arriba mencionadas, su interés y capacidad de relacionarse directamente con las asociaciones de productores ha sido limitada. Dicho lo anterior, algunos restaurantes con reconocido prestigio en la ciudad de Cusco han iniciado la compra directa de alimentos producidos agroecológicamente y prometen liderar los procesos de cambio en el consumo de la región.

Los dos últimos estudios publicados en esta edición exploran los vínculos entre nutrición infantil y las implicancias del sistema alimentario para el diseño de intervenciones. El artículo de Cruz y Omonte (pp. 38-41) evalúa el estatus nutricional de los menores que acuden a centros de alimentación infantil y las motivaciones y retos que enfrentan los hogares rurales para participar en dichos establecimientos del cono sur del departamento de Cochabamba. Los resultados mostraron un potencial claro para que estos centros contribuyan a los objetivos de desarrollo, pues el 20% de los 351 niños de la muestra presentaron signos de desnutrición crónica. Los padres contribuyen en efectivo y en especies (excedente agrícola) al funcionamiento de los comedores; sin embargo, su motivación primaria reside más en el interés de brindar a sus hijos un apoyo académico como preparación previa a la educación primaria y ofrecerles un espacio seguro mientras trabajan durante la tarde, y no en mejorar su salud y nutrición. La mayoría de los padres consideraron que los niños recibían una alimentación de mejor calidad en el hogar que en los centros infantiles, cuya lejanía presenta obstáculos para su funcionamiento (dificultades para hacer llegar los alimentos al lugar) y para la participación de los niños (algunos menores caminan hasta dos horas para llegar al centro).

El otro estudio con un enfoque nutricional ha sido realizado por Ccanto y sus colegas (pp. 42-45); examina el consumo de alimentos por los niños en hogares rurales de Ambato, Huancavelica, Perú; una región donde las opciones para la producción agrícola y la comercialización deben conciliarse con condiciones agroclimáticas difíciles, mano de obra cada vez más escasa y aislamiento. Su investigación reveló cambios en la dieta, especialmente en términos de un mayor consumo de carne y alimentos procesados, en respuesta a las intervenciones de un proyecto (capacitaciones, campañas promocionales); cambios en las preferencias alimentarias, y una mayor disponibilidad de alimentos, especialmente procesados, en las áreas rurales. Si bien algunos elementos del sistema alimentario han cambiado, otros se han mantenido igual; las variedades mejoradas y las variedades nativas de papa y otros alimentos producidos localmente continúan siendo un elemento crítico del consumo en el hogar y para la generación de ingresos de las familias. La expansión de los llamados “mercados de abastos”, que comercializan alimentos producidos fuera de la región a precios más bajos, tiene como resultado que algunos agricultores consideren que comprar papas en estos mercados es más barato que producirlas localmente. Lo mismo opinan en relación a los alimentos procesados industrialmente, que son baratos y abundantes, y complementan las dietas tradicionales con pastas, dulces, azúcar y arroz. Las intervenciones de los proyectos podrían beneficiarse de una cuidadosa consideración del entorno alimentario cambiante y sus implicaciones para la intensificación de la producción en las fincas y la composición de las dietas de los hogares.

Conclusiones

Los casos anteriores muestran el potencial de hacer avanzar la agroecología en el contexto de los sistemas alimentarios urbanos de la región andina, pero también el largo camino por recorrer. Hacen eco de la necesidad de brindar una mayor atención en varios niveles para garantizar una oferta alimentaria más segura y diversa. En este sentido, la agroecología puede desempeñar un papel importante. A menudo, las acciones emprendidas para apoyar una mejor alimentación se llevan a cabo en pequeña escala, aisladas del sector privado y los gobiernos. Saber cómo ir más allá de las intervenciones piloto sigue siendo un reto considerable. Tomará tiempo identificar las soluciones viables y avanzar, pues hará falta la colaboración del sector privado, de los gobiernos y de la sociedad civil. Lograr mejores alimentos a través de conexiones rurales-urbanas más fuertes requerirá de acciones especiales que formen parte de las agendas de los gobiernos nacionales y locales y de las ONG, así como estrategias integrales para apoyar a los actores clave del sistema, desde los productores y sus organizaciones hasta los procesadores y puntos de venta al por menor en áreas urbanas. Esto implica que miremos más allá de la orientación exportadora para incentivar la producción primaria y que tengamos mayor comprensión de las opciones para mejorar la calidad de la dieta tanto en las áreas rurales como en las urbanas. La investigación crítica es importante para dicho proceso. En particular se requieren estudios que exploren soluciones para a) reducir los costos y el riesgo para las ventas locales directas; b) eliminar barreras en el ámbito empresarial; c) comprender las variaciones en la demanda de los consumidores por alimentos agrícolas de mayor calidad; y d) proponer opciones para la colaboración multisectorial en apoyo de mejores sistemas alimentarios.

Jason Donovan
Economista Principal, Mercados y Cadenas de Valor. Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT), Texcoco, México.
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Agradecimientos

Un agradecimiento especial para Claire Nicklin y Ross Borja, cuyas sugerencias mejoraron esta introducción.

Referencia

  • Friedberg, S. y Goldstein, L. (2011). Alternative Food in the Global South: Reflections on a direct marketing initiative in Kenya. Journal of Rural Studies 27(1), 24-34.