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Sáb, Oct

Convocatoria 33-2: Sistemas de alimentos resilientes al clima

volúmen 32, número 4
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El cambio climático es real y sus impactos ya nos afectan. Los agricultores familiares campesinos, a través de su relación con el entorno natural son los primeros en sentir estos impactos. Ellos son también quienes están al frente cuando hay que tomar medidas para salvaguardar la vida ante sus efectos.

Pero los agricultores no están solos pues en estas acciones hay también un número creciente de ciudadanos comprometidos en actividades para hacer frente a las consecuencias del cambio climático. Estos ciudadanos (investigadores, profesionales de ciencias agrarias, autoridades locales, consumidores urbanos y otros) trabajan con los agricultores para gestionar las acciones de prevención y adaptación ante los riesgos e impactos negativos, un ejemplo son la incidencia para lograr que los gobiernos inviertan en energías renovables y se establezca una política que apoye a los agricultores que capturen carbono en el suelo.

¿Qué hace la agroecología como ciencia, movimiento y práctica? Lo que la agroecología ofrece son formas de hacer frente a las amenazas que surgen del cambio climático y de prepararse para un clima cada vez más incierto, con eventos extremos e inesperados de sequías, inundaciones, heladas, que no solo alteran los ciclos de los cultivos y los períodos de labranza y cosecha, sino que afectan y ponen en peligro los recursos productivos y los medios de vida de las familias dedicadas a la agricultura de pequeña escala.

En contraste con la “agricultura climáticamente inteligente” y otros enfoques de ”arriba a abajo” (top-down), la agroecología construye resiliencia dado que se sustenta en principios y conocimientos ecológicos, reconoce e incorpora el conocimiento local, el bajo uso de insumos externos y la diversidad biológica y cultural. Por ejemplo, para los campesinos la variabilidad climática es una característica inherente al entorno en que viven. Esto se refleja en sus opciones de producción y en las prácticas adaptativas relacionadas con las asociaciones de cultivos que manejan, así como con las variedades de animales que crían y las técnicas empleadas para almacenamiento y poscosecha.

Además, la agroecología puede contribuir a encontrar alternativas innovadoras de adaptación ante otras situaciones generadas por el cambio climático como la reducción de la biodiversidad por la extinción masiva de ciertas especies de flora o fauna importantes para la conservación de la fertilidad de los agroecosistemas, como son los insectos benéficos, especialmente las abejas, en peligrosa reducción. Otro ejemplo es la conversión de la producción de alimentos-mercancía (commodities) por la agricultura industrial hacia sistemas de producción local y regional, que reducen la huella de carbono en la producción de alimentos y en el transporte.

El número de leisa de junio de 2017 busca estrategias que estén desarrollando los agricultores familiares campesinos y la sociedad civil ante las situaciones generadas por los impactos del cambio climático y, sobre todo, busca presentar los conocimientos y prácticas –técnicas y organizativas– de adaptación a estas condiciones meteorológicas. ¿Cómo ayudan estas estrategias a ampliar la agroecología y cómo encajan dentro de la ciencia agroecológica? Particularmente nos interesan las experiencias de los mismos agricultores que muestren la innovación o revalorización de prácticas ancestrales que les permiten enfrentar eventos climáticos extremos y la incertidumbre del calendario agrícola actual. Y, lo que es crucial, ¿cual es la importancia política de estas experiencias estratégicas?
Invitamos a nuestros lectores a compartir sus experiencias. Esperamos los artículos para leisa 33-2 (junio 2017) hasta el 30 de mayo de 2017 (enviarlos a: Teresa Gianella, leisa-al@etcandes. com.pe).