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Dom, Ago

“Poison Papers”: Una reunión secreta de alto nivel en el Hotel Howard Johnson

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Según una investigación federal que se dio a conocer durante un juicio a principios de la década de 1980; el Laboratorio Industrial Bio-Test (IBT), el mayor laboratorio de los Estados Unidos, y a quienes se les encargó entre el 35 al 40% de todas las evaluaciones toxicológicas, incluyendo los productos regulados por la FDA y plaguicidas y herbicidas regulados por la EPA, resultaron un fraude.

Científicos de la EPA fueron los primeros en detectar el fraude y las malas prácticas de IBT, informando de esta situación en las audiencias del Senado a finales de los años 1970. Poco después, la EPA se vio obligada a revisar los datos y calculó que cerca del 80% de los datos que proporcionaban para el registro de sustancias químicas procedentes de IBT o no existían, eran falsos o no válidos.

Este escándalo de IBT provocó una enorme crisis en la EPA. Al saber que casi todos los ensayos de IBT eran defectuosos y presuntamente falsos, eso podía traer como consecuencia la revocación de todos y cada uno de los productos químicos aprobados en base a los datos aportados por IBT.

Esta forma de actuar habría estado plenamente justificada desde el punto de vista científico. Pero habría tenido unos efectos desastrosos sobre la Industria Química, la confianza del público y en la recién creada EPA.

Lo que la EPA hizo en su lugar se sabe por la transcripción de una reunión que tuvo lugar en el Hotel Howard Johnson Motor Inn, en Arlington, Virginia, el 3 de octubre de 1978. A esta reunión secreta acudieron altos cargos de la EPA, de la Industria Química, y tenía como intención resolver el problema de IBT.

Esta transcripción forma parte de los más de 20.000 documentos, con un peso de tres toneladas, que acaba de ser publicado por Proyecto de Recursos de Biociencia y el Centro de Medios y Democracia (CMD), en el sitio web de “Poison Papers”. La mayor parte de los Poison Papers fueron recopilados por la autora y activista Carol Van Strum, que archivó los documentos obtenidos en las numerosas demandas de interés público y solicitudes de acceso a la información para investigar la contaminación química y luego digitalizados por el periodista Peter von Stackelberg. La historia de Van Strum viene recogida esta semana en The Intercept.

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